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La Inteligencia Artificial y la Valuación de Empresas

  • 20 abr
  • 3 min de lectura

Tomándose un café con la IA




La inteligencia artificial llegó para quedarse. Y ante esa realidad, los valuadores tenemos dos caminos: entrar en depresión pensando que nos va a sustituir, o verlo como la oportunidad más grande que ha tenido nuestra profesión en décadas ¿o milenios? Los usuarios, por su parte, tampoco deben hacerse ilusiones de que la IA, por el momento, les va a resolver todo por sí sola.


La realidad es más interesante que cualquiera de esos dos extremos.


Si eres usuario: necesitas a alguien que le hable a la IA en su idioma


Imaginemos que decides valuar tu empresa con ayuda de inteligencia artificial. La herramienta es poderosa, sin duda. Pero hay algo que la IA no puede hacer sola: entender la realidad específica de tu negocio. Para eso necesitas a un acompañante experto que le traduzca esa realidad.


¿Por qué? Porque hay preguntas que la IA no sabe hacerse:


Los estados financieros normalizados. La IA no sabe qué hay y qué no hay en tus gastos. ¿El dueño es también el Director General? ¿Está cargado su sueldo en los resultados, y es competitivo con el mercado? ¿El local o la bodega son también del dueño? ¿Está reflejada una renta, aunque sea virtual? Sin esas respuestas, el punto de partida está distorsionado.


Las proyecciones de ventas. ¿Son realistas? Y si lo son, ¿existen los gastos y las inversiones necesarias para soportarlas? Una proyección de ventas ambiciosa sin el respaldo operativo correspondiente no es una proyección — es un deseo.


El capital de trabajo. Este es quizás el punto más crítico y el más frecuentemente ignorado. Si proyectamos con días de inventario, la IA hará un cálculo directo y limpio — pero ese cálculo puede estar construido sobre inventarios de lento movimiento o francamente obsoletos que distorsionan el saldo base. Lo mismo aplica para las cuentas por cobrar y los proveedores: sin un análisis previo de su calidad y comportamiento real, las proyecciones de capital de trabajo pueden impactar severamente la valuación.


La estructura de capital y la deuda. En muchos casos es necesario hacer reclasificaciones entre deuda y capital que afectan directamente al valor de empresa o al valor accionario. La IA puede procesar los números, pero decidir qué reclasificar requiere criterio y experiencia.


El CAPEX y sus modalidades. La IA tampoco sabe de entrada si los activos fijos de tu empresa se adquieren por compra directa, arrendamiento puro o arrendamiento financiero — y esa diferencia tiene implicaciones importantes tanto en el modelo financiero como en la valuación final. Alguien tiene que informarle, y ese alguien tiene que saber de qué está hablando.


Si eres valuador: siéntate con ella a tomar un café

La IA ya está aquí. Y no seamos ingenuos — va a seguir aprendiendo y creciendo con el paso del tiempo. Pero por el momento, veámosla como un compañero que nos apoya, no como un nuevo empleado que quiere nuestro puesto.


No le metamos el pie para que se caiga. Porque créanme — no se está cayendo, está aprendiendo a levantarse, y cada día lo hace mejor. Nuestra tarea es caminar junto a ella, guiarla con nuestra experiencia, y dejar que ella haga lo que hace mejor: procesar, calcular y organizar a una velocidad que nosotros solos nunca alcanzaríamos.


Conclusión


Si eres usuario y quieres que la IA te ayude a valuar tu empresa, busca a alguien que pueda traducirle lo que realmente quieres hacer — alguien que conozca tu negocio, que sepa normalizar tus números y que tenga el criterio para guiar el proceso.


Y si eres valuador, te recomiendo que te sientes con la IA a tomarte un cafecito. A ponerse de acuerdo. A entenderse. Y a avanzar juntos.


Porque el futuro de nuestra profesión no está en resistir la tecnología — está en ser quienes mejor saben usarla.

 
 
 

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